La ceguera colectiva: Cine, censura e impunidad ante el drama palestino (Dios no te la chupa, Israel)
Un título fuerte se requiere cuando se amerita. Desde hace tiempo, los atropellos del Gobierno de Israel contra artistas que no apoyan sus políticas sádicas de exterminio para apoderarse de los territorios de Palestina —el cual es un país que sistemáticamente ha sido atacado por un matón que se camufla en un ideario fantasioso escrito en una religión— son el centro de esta nota. Todo esto a raíz del reciente documental NAZA, premiado en el reciente Festival de Venecia, pero censurado y perseguido por el despótico Netanyahu.
CONTRACULTURANOTICIAS
Adrián Montenegro
9/18/20265 min read


Un título fuerte se requiere cuando se amerita. Desde hace tiempo, los atropellos del Gobierno de Israel contra artistas que no apoyan sus políticas sádicas de exterminio para apoderarse de los territorios de Palestina —el cual es un país que sistemáticamente ha sido atacado por un matón que se camufla en un ideario fantasioso escrito en una religión— son el centro de esta nota. Todo esto a raíz del reciente documental NAZA, premiado en el reciente Festival de Venecia, pero censurado y perseguido por el despótico Netanyahu.
El reciente estreno del documental NAZA —dirigido por los investigadores e informadores israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor— ha vuelto a poner sobre la mesa una verdad incómoda: la maquinaria de guerra contra el pueblo palestino no solo se sostiene sobre el terreno con bombardeos y algoritmos de inteligencia artificial, sino también mediante un cerco sistemático de persecución, detenciones y censura hacia quienes intentan documentar la barbarie.
El largometraje expone cómo la inteligencia artificial militar se utiliza para automatizar la selección de objetivos en Gaza, convirtiendo a familias enteras en simples cifras de «daño colateral aceptable». Sin embargo, lo más revelador de NAZA es que sus creadores son ciudadanos israelíes que se niegan a ser cómplices. Su trabajo se suma a una lista de producciones cuyos autores han sufrido campañas de acoso, amenazas y bloqueos por parte del aparato gubernamental por el simple hecho de mostrar la crudeza de la ocupación.

La tiranía de la censura pintada como traición
El caso de NAZA no es aislado; refleja un patrón histórico de represalias judiciales y policiales contra la libertad de creación. Acá les dejo otros antecedentes sobre cómo el Gobierno de Israel busca silenciar sus atrocidades en Palestina:

Tras el impacto de estas producciones en el extranjero, sectores a favor del gobierno israelí han solicitado abiertamente reformar la legislación para retirar la ciudadanía a cineastas locales y calificar de «traición a la patria» el simple ejercicio de documentar testimonios sobre la población civil.


Janin, Jenin (2002), de Mohammad Bakri: Tras retratar la incursión militar en el campamento de refugiados de Jenin, el documental enfrentó dos décadas de persecución judicial hasta que los tribunales israelíes prohibieron categóricamente su exhibición y distribución en el país, imponiendo multas desorbitadas contra el director.

No Other Land (2024): El largometraje documental que registra la expulsión de comunidades en Cisjordania conllevó una represalia directa contra sus creadores. Hamdan Ballal, uno de los codirectores palestinos de la obra, fue agredido por colonos y posteriormente detenido por fuerzas militares mientras filmaba en la Zona C.
La voz Hind Rajab (2026): La reciente producción cinematográfica inspirada en la voz real de Hind Rajab —la niña de seis años que a principios de 2024 permaneció horas atrapada en un vehículo pidiendo auxilio por teléfono a la Media Luna Roja antes de ser asesinada junto a su familia y los paramédicos por disparos de tanques— ha sufrido boicots e intentos de bloqueo en diversos festivales y salas por exponer sin filtros la crueldad del ejército.
El mito del consenso y la diversidad silenciada
Uno de los mayores triunfos de la propaganda oficialista ha sido reducir el conflicto a un enfrentamiento religioso uniforme. No obstante, la realidad desmiente esa narrativa. Las políticas de despojo no son respaldadas por la totalidad de la comunidad judía internacional ni por todos los ciudadanos israelíes, entre quienes crecen las voces de protesta, desobediencia civil y rechazo abierto a la limpieza étnica.
Asimismo, se suele ignorar la riqueza cultural de la propia Palestina histórica, un territorio donde han convivido históricamente comunidades musulmanas, cristianas e incluso sectores judíos locales. La violencia de Estado no distingue credos cuando se trata de consolidar un control territorial.
La doble moral geopolítica y el papel de Costa Rica
La respuesta de la comunidad internacional ante este drama expone una profunda hipocresía. Cuando Rusia invadió Ucrania, la reacción de las potencias occidentales fue inmediata: sanciones económicas severas, bloqueos diplomáticos, expulsión de organismos internacionales y un boicot cultural total. Frente a las sistemáticas violaciones de derechos humanos en Palestina, esas mismas potencias responden con resoluciones tibias, el veto sistemático en el Consejo de Seguridad de la ONU y un suministro ininterrumpido de armamento.
Esta incoherencia global encuentra un preocupante eco a nivel local. Mientras diversos países revisan sus relaciones diplomáticas con gobiernos señalados por crímenes de guerra, Costa Rica avanza en la negociación y firma de tratados comerciales con el Gobierno de Israel. Un país que históricamente ha proyectado una imagen de neutralidad, pacifismo y defensa del derecho internacional arriesga su credibilidad al normalizar acuerdos bilaterales en medio de uno de los capítulos más oscuros de la historia contemporánea.
A este patrón de censura local se suma el reciente y lamentable incidente en el Conservatorio Castella, donde la administración del centro educativo impidió el ingreso a la cónsul honoraria de Palestina a un acto oficial, provocando el rechazo público de la comunidad estudiantil y docente, quienes han exigido rectificar e invitar nuevamente a la diplomática. Que en la "casa del arte" costarricense se vete la presencia de una representación diplomática evidencia hasta qué punto el sesgo y la presión política intentan silenciar la causa palestina incluso en las aulas. (Leer: https://delfino.cr/2026/09/piden-al-director-del-castella-volver-a-invitar-a-consul-honoraria-de-palestina-tras-impedirle-ingreso )
Aunque grupos resistentes de Palestina han cometido actos deplorables contra la población civil israelí, estos surgen enmarcados en la desesperación y el enojo que provoca décadas de ocupación, despojo e injusticia mundial, donde un pueblo entero lucha por no ser borrado de la historia, mantener su cultura y alcanzar su libertad.
Mientras tanto, el cine independiente, el arte y el periodismo de investigación continúan haciendo su trabajo: incomodar y registrar lo que el poder intenta borrar. Resta ver si la sociedad civil y la diplomacia global tendrán el valor de mirar de frente esas imágenes o si seguirán optando por la complicidad del silencio.


Esta postura oficialista se refleja de forma cotidiana en la persecución y el amedrentamiento hacia cualquier gesto de solidaridad con el pueblo palestino. Durante el pasado traspaso de poderes entre Rodrigo Chaves y Laura Fernández, una delegación del gobierno israelí fue invitada formalmente, mientras unos jóvenes que protestaban de forma pacífica portando la bandera de Palestina fueron detenidos arbitrariamente por la policía, una ilegalidad confirmada posteriormente por los tribunales.
Fuente del video en la nota: https://crhoy.com/nacionales/estudiantes-detenidas-en-traspaso-de-poderes-quedan-libres/
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